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Casi 35 años después, el libro para adolescentes que provocó una auténtica cruzada de la Iglesia, los medios conservadores de la época y la asociación de padres de alumnos volverá a ver la luz, libre de censura y persecución. El libro rojo del cole, que en España no se intentó editar hasta 1979, de la mano de la humilde editorial Nuestra Cultura, dirigida por Luis Martínez, volverá a tener cabida en las librerías de Reino Unido, uno de los países en los que más ataques recibió.
Margaret Thatcher no fue tan lejos como el juez de la Audiencia Nacional Barón Cobos, que dictó prisión incondicional sin fianza contra el editor y procesó a los impresores, pero se censuraron algunos capítulos al aplicarle la ley británica de publicaciones obscenas. El anuncio de la vuelta a las librerías de la edición original, incluidos los pasajes eliminados por el rodillo de la censura, ha generado una fuerte expectación entre la sociedad británica. El efecto Streisand no es sólo cosa de internet.

Los métodos educativos para disciplinar a los menores en el sistema son si cabe más férreos, aunque también más sofisticados.
Si hoy en día volvemos sobre sus páginas, que circularon de mano en mano, a escondidas, como si de las revistas pornográficas que te dejaban ciego se tratase, su contenido se antoja inofensivo y su lenguaje un tanto obsoleto. Sin embargo, en un contexto en el que la autoridad era incuestionable y el aprender a aprender era una utopía, al igual que el empoderamiento juvenil, no hay que negar el carácter contestatario y la amenaza que El libro rojo del cole suponía para la moral tradicional.
“Ser adolescente hoy en día es más difícil que en los 70”
La visión sobre la educación, la sexualidad o las drogas provocó más de un sarpullido. El coronel Pardo Zancada afirmó que el dichoso libro era Goma-2 para el ejército. No era para menos. Los pedagogos daneses Soren Hansen y Jesper Jensen, autores del libro, exponían sin tapujos cuestiones como la participación, los conflictos escolares, la autoridad, el aborto, la homosexualidad o la marginación. Cuestiones todas ellas sobre las que ya existe mucha más información, que han dejado de ser tabú y que, quizás, están desactualizadas. ¿O no?

Hoy en día, los alumnos ni siquiera son tratados como seres humanos. Se han convertido en un producto más del engranaje del sistema. El autoritarismo del sistema educativo que tanto denunciaban los autores se ha disipado. Sin embargo, aún sigue patente la educación en la competitividad a ultranza frente a la colaboración, la obsesión por los resultados en lugar del aprender a pensar o la desigualdad por cuestión de género o raza, según denuncia Hansen, el único de los autores aún vivo, en una reciente entrevista publicada por The Guardian.

Para el danés, ser adolescente hoy en día es más difícil que en los 70.
“Por lo menos, en aquella época se podía analizar qué estaba pasando en el mundo educativo e identificar sus aspectos positivos y negativos. La forma en cómo eran tratados, las desigualdades y la manera de comportarse. Hoy en día, los alumnos ni siquiera son tratados como seres humanos. Se han convertido en un producto más del engranaje del sistema”, afirma el septuagenario.

Los adultos (y el sistema) siguen siendo “tigres de papel”.
La vigencia de la obra, añade Hansen, se intuye en las reacciones de los jóvenes que la han leído recientemente, por ejemplo, los nietos del autor (con edades comprendidas entre los 18 y los 23 años). La falta de autonomía personal, y la incapacidad de los jóvenes para tomar decisiones por sí mismos son algunas de las carencias que perviven aún hoy en día, según señala Hansen.
Los adultos no pueden controlar por completo a los adolescentes, pero estos creen demasiado en el poder de los mayores y nada en sus propias capacidades. En el prólogo de la reciente edición británica, que él mismo firma, apunta que los métodos educativos para disciplinar a los menores en el sistema son si cabe más férreos, aunque también más sofisticados: “La mayoría de profesores creen que no es necesario explicar a los alumnos por qué deben adquirir ciertos conocimientos: simplemente, si está en el currículum, se enseña y punto”.
A pesar de que el lenguaje quizá se haya quedado obsoleto, expresiones como “todos los adultos son tigres de papel” siguen siendo válidas para el pedagogo. “Los adultos no pueden controlar por completo a los adolescentes, pero estos creen demasiado en el poder de los mayores y nada en sus propias capacidades. Si uno sopesa sus problemas y trata activamente de cambiar las cosas, seguro que logrará llegar más lejos de lo que piensa”, asegura.
En lo que se refiere al enfoque sobre el sexo y las drogas que promulga el libro, sí se han producido avances significativos. Hoy en día también predominan las explicaciones técnicas y directas, así como la advertencia de los riesgos sobre la salud, sobre los puntos de vista meramente moralistas y abstractos. De lo que no hay duda es de que, si en su momento no hubiese sido censurado, habría pasado a la historia sin pena ni gloria. El interés que despiertan los libros ‘non gratos’ por el establishment es siempre mayor, y prohibirlos suele ser una de las mejores publicidades que pueden tener.

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Fuente: elconfidencial.

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